Nuevo gimnasio, nuevos amigos. El desenlace.
20 November, 2010
Mientra voy hacia mi campo un señor de unos cincuenta y largos coge el balón, se planta en medio del campo y empieza a soltar instrucciones a un ritmo frenético. Todo el mundo se pone a correr de un lado para otro como lemmings a los que les quedan unos segundos para ser detonados.
Cuando uno es de barrio desarrolla un instinto para identificar a los que cortan el bacalao, así te ahorras unas cuantas collejas. Malamadre me había despistado inicialmente, pero ahora lo veía claro: el señor mayor era El Patriarca. Él no llevaba 15 años jugando con el resto, cuando fueron a construir el gimnasio ya estaba allí, dando instrucciones sobre cómo hacer el mortero.
El Patriarca me envía a la portería por novato y aprovecho para hacerle algunas preguntas. Mientras me explica las tácticas y cómo nos vamos a mover yo pongo mi mejor cara de alumno y voy asintiendo rítmicamente (creo que le caigo bien).
Y para mejorar aún más las cosas, aparece un rezagado. Perfecto, ya somos pares. Empieza el partido.